TEOREMA DEL CAOS

i_brocoli
Por Nicomedes Zuloaga P.

Blanca Baldó publico otro libro de poemas. Ya, hace algunos años, nos sorprendió con Adicta al miedo. Poemas de entrega y valentía. En ellos, la naturaleza levanta su velo para mostrar su poder que, desde la intimidad, nos muestra su ternura y su garra de tigre o gavilán.
Ahora nos regala Teorema del caos. Por esas circunstancias sutiles, como la poesía misma, o por sincronismo, ese paralelismo a causal, me había llegado un trabajo de Augusto Rotavista, narrador y pintor colombiano, con el título de la Predestinación del caos, obra en la cual afirma que el caos es la oportunidad que posee el “predegestinador” para auscultarse a sí mismo. Cuando leí estas líneas no tenía idea que los poemas de Blanca Baldó, aquellos que había escuchado quizás, no demasiado atento, hace algunos años, estarían en mis manos, ahora, publicados por la Editorial el perro y la rana. Al releer esta obra, quizás por ese proceso de “pregedestinación” caótica, principio alquímico de toda creación o encuentro, los escritos de Rotavista iluminan o, en cierta forma, describen, al Teorema del caos de Blanca, camino de autoconocimiento, muerte y resurrección en ese templo secreto del orogasmo de la casa de oro,/tigre, que te enciendes en luz por los bosques de la noche que, por cierto, ningún varón atrapado en su intelecto ha descubierto.
No cabe duda o, al menos así se me antoja que La Predestinancia del caos llegó para iluminar con su entropía las páginas del Teorema. Pero el caos, por si sólo, o la alquimia, es insuficiente para desvelar el lenguaje del alma femenina. Por lo tanto, como varón, no me queda otro remedio que escribir sobre estos poemas de varona, desde la ignorancia. Acercarme a estas páginas para descubrir, en ellas, ese secreto, el misterio que la naturaleza oculta al hombre y, por lo general, a sí misma. Oportunidad para auscultarse a sí mismo. Así pretendo acercarme a esta obra cuyas páginas temerarias, a veces brutales, o aparentemente indefensas, pretenden enseñarnos algo que, sólo desde la humildad del ignorante, podemos descubrir. Es así como me acerco desde el caos, hacia la luz ouro-bourus , orogasmos, caminos serpentinos.
El Teorema empieza los con los ríos interminables de la selva que, encarnada en águila arpía, ella ve como un brócoli. Navega en invierno por las copas de los árboles. Invierno de miedos, de avispas, de bichos anfibios, pero allí, en la oscurana del alma, como lo describe Leonardo en el Código Arúndel, en aquella caverna, temerosa, debía internarse “para conseguir, quizás, alguna luz(Leonardo, cod Arundel)”. Y si, había Agua de oro, agua de diamante. Y también Enormes piedras como ballenas dormidas. Pero también hay en la selva de Blanca, un bongo cubierto de orquídeas y bromelias, donde reposan los cuerpos sin vida de los amantes del espíritu. He allí el drama del camino salvaje, la prueba de la serpiente que se muerde la cola. Este libro nos invita a transitar un camino de miedo, es para aquellos que crean poder sobrevivir en la oscuridad y la nada. La selva es el nigredo, pero en el nigredo esencial está el TODO. En la sombra, en el caos, la vida reverdece como el laurel. Aunque se “arrastraba” o “nadaba” su alma de poeta, ese escalón misterioso del proceso evolutivo, afirma Mis venas son los ríos,/mi corazón la lava ardiente./Tu cerebro el cielo, la visión de la selva desde el aire./Tu ser nuestra fuerza, pez gigante del río. Así el alma femenina, poco a poco, levanta el velo: La promesa del amor más allá de la muerte. Ella, la selva misma. La tierra. La oscuridad. El conocimiento y lo oculto. Perséfone se regocija en el caos, pero ve como el águila arpía. Se sabe en los dos mundos gracias al pez gigante del río.
Y vuelve al final del viaje de la selva a levantar el velo y nos describe cómo es el alma secreta de la naturaleza. Cómo es eso que los varones llamamos amor reflejado en el alma femenina. Para escribirle al amor, tomaría de cada uno de los que he amado un poco…Es un rompecabezas de cada uno de los que he amado y me han amado. Quizás hay una reconciliación, un matrimonio entre la poesía y el amor. Mi selva primaria, camino de luz.
Pero es en el mar, en la humedad, donde la semilla de la tierra crece. Cómo Afrodita, nace en el mar. Quizás, de la ablación genital de algún Urano u otro Dios todavía desconocido. Se siente a salvo en el mar porque el caos ya es aceptado como predestinación. No hay más lucha, sino viaje por el río de la vida. Uno trata de poner orden y siempre hay un factor impredecible./ Hablo del caos como el supremo orden, afirma.
Pero nos dice más. Aniquila el fantasma difuso de una cultura patriarcal. Esta mujer, como Lilith hecha de nuestro mismo barro sagrado, nos aclara que La mujer espera al hombre que ella espera. No es la mujer de las rancheras y los boleros descritas por los hombres. Soy la mujer que no puede tejer mientras lo espera, sino que lo inventa de nuevo… No hay espacio para las fantasías masculinas, para el narcisismo o cualquier otra, digamos, debilidad. Ella sueña su hombre lo crea, como el soñador de las Ruinas circulares, a la espera que, en su sueño despierte el soñado. Y ese habitante del mar, creado, mental o iridiscente, es su secreto: La magia de un segundo…El hombre de la noche, de la mañana y de la tarde.
Y en ese mar, desde el caos originario clama por: un vientre,/ un silencio, /una pausa./ Volver a nacer. Pero aún después del renacimiento el caos impone un orden. El factor inesperado modifica todo lo planeado./Se impone el libre albedrío de la naturaleza.
La última etapa del teorema alquímico de Blanca es el oro que se inicia con un axioma: Si la poesía no es consuelo/entonces no esperes misericordia/en ninguna parte.
Penetra entonces los sótanos de las ciudades subterráneas. Y en esas ciudades sus jardines ocultos se bifurcan. Hay mares terrestres y órdenes húmedos. Y tigres y columnas sagradas y astronautas del alma. También hay verdades veladas, tigres azules y Ofelias soñadoras. En la historia circular narrada en imágenes poéticas en este libro hay un retorno y una interrogante que la poesía despeja: Desencarnar será como el polvo en que confiamos. No hay piedra filosofal sino la espera de un carro de fuego: El orogasmo de la casa de oro.
El Teorema del caos es un poema de amor. De aceptación. De crecimiento. De desilusión, de ilusión, de muerte y de resurrección. Es la aceptación de un amor inventado. Tigre, tigre que te enciendes en luz/por los bosques de la noche./ ¿Qué mano inmortal, qué ojo/ pudo idear tu terrible simetría?
Al final, la vida misma, parece ser un homenaje a la eterna Venus-Afrodita: Allí está el velo./Rostro griego./Pecho de Helena./Zenotes sagrados./Ombligo secreto./Venus poderosa.
Me parece que Teorema del caos es un libro extraordinario. No se parece a nada. No pretende ser docto. Es como los ríos de la selva. No pretende erudición, ni falsa modestia. Hay en esta obra de Blanca honestidad, valentía y verdad. Hay poesía.

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