Los vigías de siete mares

Piedra artificial con página de óxido sobre estructura .
Caribe:  piedra artificial con pátina sobre estructura metálica  .
Trabajando con uña sobre la obra vaciada en piedra artificial.
Trabajando con uña sobre la obra vaciada en piedra artificial.
Modelado de Cacao en arcilla
Modelado de Cacao en arcilla
Molde de Cacao sobre la roca, listo para vaciarse
Molde de Cacao sobre la roca, listo para vaciarse
Cacao antes de colocar la cabeza después de vaciado
Cacao antes de colocar la cabeza después de vaciado

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3,20 metros
3,20 metros
Molde de calipso apuntalado para inmovilizarlo una vez vaciado.
Molde de calipso apuntalado para inmovilizarlo una vez vaciado.
Trabajando detalles después  del vaciado.
Trabajando detalles después del vaciado.
Modelado en arcilla sobre  estructura metálica.
Modelado en arcilla sobre estructura metálica.
Vaciado con molde de yeso
Vaciado con molde de yeso
Piedra artificial con pátina azul
Piedra artificial con pátina azul
Los vigías de siete mares. Homenaje a los pescadores de Osma.
Los vigías de siete mares. Homenaje a los pescadores de Osma.

Yemallá

Sacando molde de yeso.
Sacando molde de yeso.
Rostro modelado en arcilla listo para hacer molde en yeso.
Rostro modelado en arcilla listo para hacer molde en yeso.

photo (12) Euro y Shango.

Los vigías de Siete Mares

Los vigías de siete mares. Homenaje a los pescadores de Osma.

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Sirena, Yemallá deidad marina de las azules profundidades vino al mundo para proteger las aguas oceánicas y todo lo que vive en ellas. En los mitos griegos enamoraban a los marinos con su canto. Por primera vez, los europeos supieron de estas diosas del mar en los cantos homéricos, aunque su nombre parece tener un origen sanscrito(Kimera) y tenían un nexo con el otro mundo. En nuestras costas la diosa del océano se identifica más con Yemallá, diosa del panteón Yoruba, protectora del mar y de las creaturas marinas. Es una diosa madre, de la abundancia y de la protección.

 

 

 

Los vigías , Calipso

 

image Diosa atlántica de dos mundos, reina oculta de una isla bella y misteriosa. Calipso era hija del Atlas. Cuando los Olímpicos ganaron la guerra fue castigada con el abandono. Ulises llegó hasta la cueva de Calipso y se dejó seducir por por sus encantos hasta quedar literalmente atrapado, o encantado, entre otras cosas, por el ofrecimiento de la vida eterna. Herencia del griego para ser universal. Cada mil años conoce el amor para ser infinitamente abandonada en su cueva ante el amor de Ulises que regresa a su tejedora. Calipso azul, madre del mar Latino, teta descomunal que gesta las aguas de nuestro amado océano.

Los vigías , Cacao

Cacao, dorado como el sol caminó por la selva eterna. Conocía el canto de los arrendajos, del piapoco y del tucán, conocía el vuelo de los veloces cernícalos como el gavilán primito, había comido el corazón palpitante del águila harpía, volaba sobre la inmensidad verde y, desde la altura, conocía los misterios del mundo. Cuando caminaba por la sabana, hablaba el idioma de los alcaravanes y así, aprendía la vida, desde abajo, o desde arriba. El tucusito, pájaro de la magia y del amor, le enseño el sabor de la dulzura y a volar de flor en flor. Transitaba por caminos invisibles siguiendo el sueño del regreso. Le habían hablado del horizonte y de la existencia del mar. Desde la montaña, asombrado, observó el océano y la interminable línea del fin del universo. Se sentó en el risco y decidió quedarse allí a mirar el carite saltar sobre las olas. El hombre del cacao trajo su semilla, según dicen de las pirámides truncas del norte, o del más antiguo y misterioso sur y la plantó a la sombra de los añosos árboles y sembró también, con el cacao y con su mujer de arcilla, su prole pescadora.

 

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Los vigías , Euro y Shangó

 

Euro y Shangó, los hombres azules del mar bajaron del barco. Euro traía la ciencia y el sarampión. La cruz también y, con ella el pecado y con el pecado la lujuria, venía de tierras extrema-duras. Con el hambre que sólo sería mitigada con la papa americana. Buscaba una riqueza ignorada por el hombre de la tierra que sólo veía el sol en el metal dorado. Euro buscaba el oro que todo lo cubría en las “doradas colinas de Manoa”. Los hombres azules venían del mar con sus aceros y sus extrañas creencias del dios crucificado y su ciencia. También trajeron del horizonte hombres de ébano y mujeres de ébano atados en las bodegas de sus barcos. Esclavizados en tierras lejanas conseguirían, primero su desgracia y, después, su libertad en las abundantes selvas del cacao. Como sus captores, llegaron con sus dioses y su cultura. Espíritus protectores de aquellas aguas y esos montes, así llegó Shangó, dios del trueno y el rayo, embajador del otro mundo que vino a luchar o conciliar, según el caso y, con el Yemallá, señora del océano, protectora de las creaturas marinas y Oshún diosa del amor, de la belleza y de las aguas de los ríos. No sabían los hombres azules que, con sus cruces, traían también un cargamento de dioses para enriquecer la cultura de estas tierras. La lujuria, el presunto mal, unió a los hombres azules del acero con las mujeres de ébano y al final, todos, con aquellas mujeres de la tierra, mujeres de cobre y de huidizas caderas. Pero el hombre que llegó del mar, vivo todavía en la memoria de la sangre, cuando espera el cardumen sigue mirando al horizonte de donde llegó alguna vez una ciencia, una cruz y un panteón de dioses poderosos.

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Los vigías , Caribe

Caribe, el hombre de la tierra y del mar atisba el horizonte. Espera, como siempre, la llegada Dell lebranche, del jurel, carite o tajalí pero, a lo lejos, se acercan los navíos con sus cruces y sus velas blancas. Nunca había visto esas velas y esas cruces, ni aquellos hombres azules, con sus cuerpos de metal brilloso. Pero el hombre de la tierra y del mar, el caribe, con cautela, al ver que de los navíos descendían hombres enormes, con cuerpos de bestia y patas descomunales, cuando escuchó el trueno y el rayo en sus manos, después de luchar, huyó a la selva eterna inmensa y abundante. Escapó con los hombres pájaro y con su idioma de los pájaros que eran espíritus superiores. Abandonó el mar para internarse en lo profundo de la tierra y navegar las aguas del caudaloso Orinoco para encontrarse con Canaimo y  reencontrarse con el árbol enorme de la vida en el Autana. El tiempo que acumula la memoria bajó al invasor de sus bestias y la lujuria de la tierra unió el mar y la tierra y las costas lejanas en el feraz útero de la naturaleza.

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