Bajo la sombra del vino

Portada de Bajo la sombra del vino“No hay mentira, ni rodeos, ni valores convenidos en cuanto ha salido de su pluma. O de su máquina de escribir, más bien. Soslayó su medio lleno de cualidades valorables, para implantar su estandarte de cruzado de la inconformidad arremetiendo contra el lugar común cuando quiso y como quiso. Así es su poesía. Libre absolutamente de encajes preceptivos. Espontánea y sutil a veces. Inspirada y revuelta otras.”

Mauricio Gómez-Leal

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LO QUE DICEN LAS MANOS (La obra de Nicomedes Zuloaga P.)

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Por Luis Ángel Duque

“ Como el espíritu violento del Dios que se apodera del hombre por nacer en la mujer” Saint-John Perse, “Mares”

Son, en varias dotadas sintaxis, manos que labran la madera, o aún han soldado las partes metálicas de un casco de acero.Son las manos de un escritor de antigua data, con poemas y dos novelas publicadas (Epitafio para un Filibustero “Canal” y Namrá el Inmortal)  y llevada al cine; pero el artista es hombre de ciclos y devociones; y ahora, a casi cuatro décadas de cuando

asistió al taller de escultura de Claudio Marzollo  en el “School of Visual Arts”  de Nueva York, y después de cumplir los ritos de un periplo ritual múltiple y muy interesante, NZP realiza su primera obra de la madurez, donde las figuras escultóricas se integran a un paisaje, haciéndolo narrativo y ontológico a la vez. De cara al mar. Ya desde los primeros bocetos de “Los Vigías”, estos se yerguen emblemáticos y cercanos; porque, aunque cada uno de los personajes que lo configuran conllevan una historia y una simbología, son puramente escultóricos y así se pueden apreciar. Lo más notable es cómo se integran al paisaje, valorizándolo e identificándolo a la vez; casi todos  alargan la mirada al más allá del mar, buscando respuestas en el océano mineral; cómo lo ha hecho el género humano desde hace milenios, y el enigma, no se resuelve aún, porque sus preguntas son respondidas como agreste ola o feroz marejada.

Pero el artista vive con intensidad tiempos apacibles, dedicado a sus intereses fundamentales: la escritura y la escultura.

El que escribe ha visto, en los últimos años, las etapas creativas, admirándose siempre de la energía fluyente; y como lo que más le interesa a NZP es el proceso, aunque ama el resultado final, las pátinas inigualables de los bronces, que aunque contemporáneos, él les sabe aplicar y que, desde el “Auriga de Delfos” (Museo de Atenas) el público del arte aprecia grandemente.

Sthendhal escribió sobre el rapto que se apodera de los viajeros trasatlánticos, cuando por fin contemplan los originales (Nota #1)  “Es casi un síndrome, pero ellos han cruzado mares, de costa a costa, para apreciar a Buonaroti o al sin par Benvenuto Cellini.”

Aquí todo es único  original. Aunque muy diestro en las obras fundidas en mediano formato, donde la feminidad parece imperar, ahora, de cara al mar, conjugando los materiales y los conceptos  encarnados  en personajes rudos y poéticos a la vez y que pertenecen a la mitología euro-americana, como resultado de los sincretismos de las razas y culturas más interesantes de la historia de la humanidad; que comenzó, en un crisol único, hace un poco más de quinientos años: el encuentro con América.

Estas obras son, con palabras del autor,  “Alquimia espiritual” pero también materia sobre materia. Dos escalas se entrecruzan: el nuevo monumento al aire libre y las obras de taller.

Simultáneamente, mientras se gesta su obra de integración paisajística (tierra-cielo-mar) tiene lugar la creación incesante de sus bronces de mediano y pequeño formato. Para NZP el bronce, la antigua aleación de cobre y estaño (Cu-Sn) no es el bronce clásico, es un resultado de la “precipitación” , transmutando dos metales en uno de superior dureza y más dúctil en su presentación final.

Jamás le han interesado los procesos superficiales, o los poderes terrenales: el viaje lo hace perpetuamente el “VITRIOL” , que cuando aflora superficialmente es llamado lava o flujo piroplástico, y que hace 22 millones de años se desprendió del ferroso manto de la tierra y comenzó su lento ascenso a la luz. La única referencia plástica es el panel, de la colección del palacio Ducal, original de Hieronimus Bosch, llamado El Bosco, titulado “ Las almas ascienden al Empireo” .

Estos bronces son de la mundanidad, hechos por un ciudadano del siglo XXI. De facetas y aristas a lo Archipenko y luciendo sus galas patinadas: hombres, mujeres, caballos pertenecen a la ciudad. Es la crónica que hace NZP de nuestros días, donde el protagonista continúa siendo el ser humano. En su texto titulado “El Bosco” del año 2006 NZP escribió, precisamente: “La naturaleza del hombre es la mujer” aunque es un texto pasivo, expresa lo evidente porque el planeta se ha poblado con una especie dominante.

Pero tomemos a los medianos y pequeños formatos que han sido realizados siguiendo los cuatro pasos de boceto, modelo en greda, molde en yeso y forja del metal al rojo vivo hasta llegar a la obra final. La mayoría son piezas únicas, o de series muy limitadas. NZP jamás se ha excedido en su ansiedad por el reconocimiento o en la creación, por ello son contadas sus exhibiciones individuales, pues nunca ha pretendido triunfar comercialmente; o inundar el mercado de arte con sus esculturas en las que concibe como manifestaciones del ser y son, para mi, lúdicas e hieráticas a la vez, porque, aunque rígidas y hasta solemnes, son obras en estado de gracia: los jinetes cabalgan a lo Marino Marini, las mujeres muestran sus formas poderosas, los otros objetos están en el plan lúdico de relacionarse mágicamente entre si. Se columpian o balancean en el mundo artificial, ajenos a los dramas reales. Son ideal de un mundo perfecto. El lo sabe, no hay el drama de la existencia, pero tiene uno una razón poderosa para que sus obras no sean existencialistas: el cree en la felicidad terrenal, no concebida como un triunfo mundano, sino como la plena conciencia del ser, en un mundo hermoso. Sin ser un esteta, propone una estética  esa es una tesis que debemos aprobar o respetar.

Durante la década de los 80, lo grotesco se volvió paradigma artístico (Paul Mc Cartney, Jean Michel Basquiat), para anteponer una posición política al modelo de dictadura de izquierda, o democrática en el cual se afincaban las dos potencias que dominaban el mundo. El arte y el “Low art” respondieron a esa gran tiranía que nada tiene que ver con los fundadores de esas grandes naciones; por ello, las mujeres de bronce de NZP no se torturan  son rotundamente voluptuosas; los juegos se hacen un sinfín de bamboleos y balanceos, los jinetes y los hombres existen casi ajenos al drama terrenal. Ellos son un ideal, no son hiperrealistas, ni calcos de la realidad. Son un sueño hecho materia, sus bocetos en grafito y esculturas en bronce. Nobles.

Nota # 1: Stendhal; “Historia de la pintura en Italia” Colección Austral; Buenos Aires; 1948.-

Los vigías de siete mares

Piedra artificial con página de óxido sobre estructura .

Caribe:  piedra artificial con pátina sobre estructura metálica  .

Trabajando con uña sobre la obra vaciada en piedra artificial.

Modelado de Cacao en arcilla

Molde de Cacao sobre la roca, listo para vaciarse

Cacao antes de colocar la cabeza después de vaciado

3,20 metros

Molde de calipso apuntalado para inmovilizarlo una vez vaciado.

Trabajando detalles después del vaciado.

Modelado en arcilla sobre estructura metálica.

Vaciado con molde de yeso

Piedra artificial con pátina azul

Los vigías de siete mares. Homenaje a los pescadores de Osma.

Sacando molde de yeso.

Rostro modelado en arcilla listo para hacer molde en yeso.

Los vigías de Siete Mares

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Los vigías de siete mares. Homenaje a los pescadores de Osma.


Sirena, Yemallá deidad marina de las azules profundidades vino al mundo para proteger las aguas oceánicas y todo lo que vive en ellas. En los mitos griegos enamoraban a los marinos con su canto. Por primera vez, los europeos supieron de estas diosas del mar en los cantos homéricos, aunque su nombre parece tener un origen sanscrito(Kimera) y tenían un nexo con el otro mundo. En nuestras costas la diosa del océano se identifica más con Yemallá, diosa del panteón Yoruba, protectora del mar y de las creaturas marinas. Es una diosa madre, de la abundancia y de la protección.

 

 

 

Los vigías , Calipso

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Diosa atlántica de dos mundos, reina oculta de la isla bella. Herencia del ancestro griego para ser universal. Cada mil años conoce el amor para ser infinitamente abandonada en su cueva ante el amor de su Ulises viajero. Pescador de sueños que regresa a su tejedora. Calipso azul, madre del mar Latino, teta descomunal que gesta las aguas de nuestro amado océano.

 

Los vigías , Cacao

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Cacao, dorado como el sol caminó por la selva eterna. Conocía el canto de los arrendajos, del piapoco y del tucán, conocía el vuelo de los veloces cernícalos como el gavilán primito, había comido el corazón palpitante del águila harpía, volaba sobre la inmensidad verde y, desde la altura, conocía los misterios del mundo. Cuando caminaba por la sabana, hablaba el idioma de los alcaravanes y así, aprendía la vida, desde abajo, o desde arriba. El tucusito, pájaro de la magia y del amor, le enseño el sabor de la dulzura y a volar de flor en flor. Transitaba por caminos invisibles siguiendo el sueño del regreso. Le habían hablado del horizonte y de la existencia del mar. Desde la montaña, asombrado, observó el océano y la interminable línea del fin del universo. Se sentó en el risco y decidió quedarse allí a mirar el carite saltar sobre las olas. El hombre del cacao trajo su semilla, según dicen de las pirámides truncas del norte, o del más antiguo y misterioso sur y la plantó a la sombra de los añosos árboles y sembró también, con el cacao y con su mujer de arcilla, su prole pescadora.

 

Los vigías , Euro y Shangó

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Euro y Shangó, los hombres azules del mar bajaron del barco. Euro traía la ciencia y el sarampión. La cruz también y, con ella el pecado y con el pecado la lujuria, venía de tierras extrema-duras. Con el hambre que sólo sería mitigada con la papa americana. Buscaba una riqueza ignorada por el hombre de la tierra que sólo veía el sol en el metal dorado. Euro buscaba el oro que todo lo cubría en las “doradas colinas de Manoa”. Los hombres azules venían del mar con sus aceros y sus extrañas creencias del dios crucificado y su ciencia. También trajeron del horizonte hombres de ébano y mujeres de ébano atados en las bodegas de sus barcos. Esclavizados en tierras lejanas conseguirían, primero su desgracia y, después, su libertad en las abundantes selvas del cacao. Como sus captores, llegaron con sus dioses y su cultura. Espíritus protectores de aquellas aguas y esos montes, así llegó Shangó, dios del trueno y el rayo, embajador del otro mundo que vino a luchar o conciliar, según el caso y, con el Yemallá, señora del océano, protectora de las creaturas marinas y Oshún diosa del amor, de la belleza y de las aguas de los ríos. No sabían los hombres azules que, con sus cruces, traían también un cargamento de dioses para enriquecer la cultura de estas tierras. La lujuria, el presunto mal, unió a los hombres azules del acero con las mujeres de ébano y al final, todos, con aquellas mujeres de la tierra, mujeres de cobre y de huidizas caderas. Pero el hombre que llegó del mar, vivo todavía en la memoria de la sangre, cuando espera el cardumen sigue mirando al horizonte de donde llegó alguna vez una ciencia, una cruz y un panteón de dioses poderosos.

Los vigías , Caribe

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Caribe, el hombre de la tierra y del mar atisba el horizonte. Espera, como siempre, la llegada Dell lebranche, del jurel, carite o tajalí pero, a lo lejos, se acercan los navíos con sus cruces y sus velas blancas. Nunca había visto esas velas y esas cruces, ni aquellos hombres azules, con sus cuerpos de metal brilloso. Pero el hombre de la tierra y del mar, el caribe, con cautela, al ver que de los navíos descendían hombres enormes, con cuerpos de bestia y patas descomunales, cuando escuchó el trueno y el rayo en sus manos, después de luchar, huyó a la selva eterna inmensa y abundante. Escapó con los hombres pájaro y con su idioma de los pájaros que eran espíritus superiores. Abandonó el mar para internarse en lo profundo de la tierra y navegar las aguas del caudaloso Orinoco para encontrarse con Canaimo y  reencontrarse con el árbol enorme de la vida en el Autana. El tiempo que acumula la memoria bajó al invasor de sus bestias y la lujuria de la tierra unió el mar y la tierra y las costas lejanas en el feraz útero de la naturaleza.

 

TEOREMA DEL CAOS

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Por Nicomedes Zuloaga P.

Blanca Baldó publico otro libro de poemas. Ya, hace algunos años, nos sorprendió con Adicta al miedo. Poemas de entrega y valentía. En ellos, la naturaleza levanta su velo para mostrar su poder que, desde la intimidad, nos muestra su ternura y su garra de tigre o gavilán.
Ahora nos regala Teorema del caos. Por esas circunstancias sutiles, como la poesía misma, o por sincronismo, ese paralelismo a causal, me había llegado un trabajo de Augusto Rotavista, narrador y pintor colombiano, con el título de la Predestinación del caos, obra en la cual afirma que el caos es la oportunidad que posee el “predegestinador” para auscultarse a sí mismo. Cuando leí estas líneas no tenía idea que los poemas de Blanca Baldó, aquellos que había escuchado quizás, no demasiado atento, hace algunos años, estarían en mis manos, ahora, publicados por la Editorial el perro y la rana. Al releer esta obra, quizás por ese proceso de “pregedestinación” caótica, principio alquímico de toda creación o encuentro, los escritos de Rotavista iluminan o, en cierta forma, describen, al Teorema del caos de Blanca, camino de autoconocimiento, muerte y resurrección en ese templo secreto del orogasmo de la casa de oro,/tigre, que te enciendes en luz por los bosques de la noche que, por cierto, ningún varón atrapado en su intelecto ha descubierto. Continue reading “TEOREMA DEL CAOS” »

LOS MOLDES INVISIBLES

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Por Nicomedes Zuloaga P.

El problema está en los moldes. Para que las piezas salgan perfectas se necesitan moldes perfectos, lo cual es una imposibilidad ya que el barro es sólo un elemento plástico que, casi nunca, es manipulado por manos impecables. Un molde perfecto requiere un trabajo profundo de rectificación. Eso es en el caso del proceso aditivo, en el cual se parte de un remedo, mímesis platónica, pero con la intención de construir una realidad mayor. En el caso de la obra reductiva que se basa en la eliminación del material sobrante y parte de una perfección existente, pero invisible, cómo en el caso de la piedra, un mármol, por ejemplo, en cuyo interior ya esté la obra perfecta, el alma perfecta, el trabajo requiere maestría mayor ya que, los defectos incorporados en la obra por medio del uso de la fuerza, o de una rotura, no se pueden corregir como en el caso de la técnica aditiva lograda con un material plástico y moldeable como el barro, la plastilina o la mierda humana o animal. Reverón, por ejemplo, utilizó la mierda. No hay material que sea tan vil, como para que no se pueda utilizar en la obra. Continue reading “LOS MOLDES INVISIBLES” »

SIMÓN ALBERTO CONSALVI

No recuerdo con seguridad cuando conocí a Simón Alberto Consalvi. Recuerdo si que, a finales de 1982 o principios de 1983, me encontraba en Buenos Aires escribiendo mi novela “Epitafio para un Filibustero” o “Canal” título con el cual apareció la primera edición de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Después, escribió el prólogo de la edición de Epitafio que publicó editorial Pomaire. Leyó el libro y con generosidad y desapego, escribió las líneas que dieron brillo a la edición de 1989. Durante esos días, compartimos horas de discusión y análisis del drama centroamericano y de su historia y de “las aventuras y las desventuras de una tierra que no tuvo ni ha tenido paz, que nunca conoció el sosiego y que siempre tuvo (y tiene) ojos que la miran con toda la codicia del mundo”. Continue reading “SIMÓN ALBERTO CONSALVI” »