Bajo la sombra del vino

Portada de Bajo la sombra del vino“No hay mentira, ni rodeos, ni valores convenidos en cuanto ha salido de su pluma. O de su máquina de escribir, más bien. Soslayó su medio lleno de cualidades valorables, para implantar su estandarte de cruzado de la inconformidad arremetiendo contra el lugar común cuando quiso y como quiso. Así es su poesía. Libre absolutamente de encajes preceptivos. Espontánea y sutil a veces. Inspirada y revuelta otras.”

Mauricio Gómez-Leal

Deja un comentario

NZP

Nicomedes Zuloaga frente a una obra

SOBRE MI TRABAJO:

Mi primer contacto con el mundo del arte fue la poesía, leí con pasión a Neruda, Machado y a los Poetas Malditos. El contacto con la naturaleza y sus manifestaciones me cautiva, creo que algunas de las formas y de los volúmenes que aún se manifiestan en mi trabajo plástico son arquetipos de la naturaleza, grabados en mi inconsciente y que son redescubiertos cada cierto tiempo.

Pero el arte durante la primera época de mi poesía, y de mis fotografías y serigrafías era un fenómeno de carácter inconsciente, una especie de fascinación hipnótica que me impulsaba a trabajar mis primeras esculturas en madera y las primeras que modelé en barro en Nueva York en 1973.

En la escuela de artes visuales de Nueva York, empecé a trabajar con disciplina y aprendí a manejar algunos materiales con la ayuda de un excelente profesor, llamado Claudio Marzollo. Con él aprendí a trabajar la madera y el plástico, mis primeros trabajos tridimensionales fueron formas abstractas, dentro de las cuales yo pretendía encontrar la vida. Partiendo de la forma ovoide como origen de toda vida, símbolo de la matriz, de lo que engendra, traté de darle una dimensión distinta, alargué el huevo primigenio y terminé con un volúmen mas bien fálico. Esta unión de formas ovoides y alargadas fueron las primeras que cautivaron mi mente, para mí representaban la vida y su prooceso, en definitiva eran el apeiron.

Después empecé a unir materiales diferentes, en 1975 hice una exposición en el Mambo Café, con esculturas, serigrafías y fotografías, las esculturas mezclaban bronce con madera, alambres y hierros, tambien incorporaba ojos de vidrio y otros materiales. Este placer de unir materiales y de expresarme en forma multidisciplinaria no me abandonaron nunca.

Se trataba de una disciplina interna, mirar, observar, meditar sobre el fenómeno de la vida, aprendí entonces que hay muchas maneras de mirar y de escuchar, durante mi estadía en Ecuador incursioné por primera vez en el dibujo, compré algunos libros de texto sobre el tema, y de forma autodidacta empecé a dibujar. En esa época me fascinó el tema de los volcanes y la mitología de los indígenas andinos. La leyenda del Incarri y los encuentros de algunos chamanes abrieron una nueva posibilidad de existencia trancendente, una nueva experiencia espiritual, una modificación de la conciencia habitual, abrió ese nuevo camino hacia el espíritu de las cosas, una visión de lo femenino, como fuerza creadora, como síntesis del conocimiento universal, y por qué no del verdadero Dios, un Dios engendrador; los misterior del alma femenina, de la maternidad, de la pacha mama, de Isis, de la madre universal. El poder, el huevo primigenio se hizo entonces manifiesto. Descubrí a Henry Miller, y él me aclaró muchos misterios del alma de la mujer, por ejemplo la intención de las religiones monoteístas como necesidad de los varones para llenar su propia vacuidad interior.

Durante esos años tallé maderas, pero ahora salían tallas suaves y femeninas, escribía poemas sobre mis esculturas, me interesé por el significado de la vida ritual, el ritual como forma de vida consciente, no como forma de vida mecánica, me preparaba ritualmente para trabajar mis piezas, realizaba cada movimiento en forma consciente, empecé a utilizar la mano izquierda para todo, la utilizaba como una herramienta de conciencia, hacía dibujos con la mano izquierda con la intención de estimular el hemisferio derecho del cerebro.

Paulativamente mi trabajo se volvió más figurativo, los volúmenes que antes eran solo esbozos de las formas de la naturaleza se convirtieron en formas femeninas mas reconocibles, trabajaba solo sin mostrar mi obra, se trataba de una búsqueda interior más que de una necesidad de comunicarme con el mundo exterior, en un proceso de comunicación con mi propio ser.

Escribí mucho en esos años, me interesó el tema heróico, Bolívar y su formación, los sistemas educativos atípicos, el caso de Simón Rodriguez, se publicó la primera edición de mi novela EPITAFIO PARA UN FILIBUSTERO.

En lo esotérico me interesó el hermetismo, el despertar y sus técnicas, cómo elevar los niveles de conciencia, el catarismo y la concepción dual de la vida, el Dios del bien y del mal. Me fui a Europa y recorrí los lugares de la herejía, estuve en el Languedoc y en los Pirineos Orientales. Aproveché y visité el Louvre, pasé horas en las salas dedicadas a las esculturas griegas y romanas, lo humano me interesó más y más, me interesé mucho más por la obra de Rodin, de Aristide Maillol y de Bourdelle, me cautivó Brancusi con sus formas depuradas de la naturaleza. En Toledo las formas alargadas del Greco y en Madrid en el Prado, Goya y, sobre todo el Bosco.  Viajé a Egipto para descubrir la perfección y, el secreto de otra clave monumental, en Sicilia, en los templos de Júpiter y de Juno en Agrigento. Recorrí la India para descubrir el misterio de la vida y la muerte en Benares y de la energía de la eternidad en Kahurajo.

Descubrí que el alma femenina o, el alma en definitiva, se manifiesta como armonía, el arte, para mi,  no puede estar desligado de la estética, sus volúmenes y proporciones se me hacen antojadizas, eso si, yo veo el alma de esa manera, mis mujeres no existen en el mundo material, algunas son figuras heroicas que me evocan a Esclarmonde que, durante la noche de la Pira de Montsegur, se convirtió en paloma y, se fue volando.

Siempre he querido representar la libertad del alma dentro de la cárcel que significa el mundo de la materia. La posibilidad de liberarse transmutando el cuerpo denso y sus pasiones en algo más sutil. Labor alquímica digamos, toda etapa de liberación pasa necesariamente por un camino de abstinencia o de enfrentamiento con lo pasional.

Al fin regresé de Europa con mi familia, y nos instalamos en una choza en la Isla de Margarita. Nos dedicamos a vivir el hedonismo propio de esa naturaleza. Fue allí, donde la escultura de lo femenino tomó un carácter más erótico, lo pasional y la lucha por sublimarlo fue una etapa prolífica y sirvió para que se manifestaran volúmenes y formas arquetípicaa que aún trabajo y desarrollo.