EL MUNDO INDÍGENA ANTE LOS PAÍSES DE AMERICA

Por Nicomedes Zuloaga P. (Arkaúm)
Hace unos días, los medios de comunicación informaron sobre la trágica muerte de 32 personas en enfrentamientos entre la policía y grupos aborígenes peruanos. El tema de los alzamientos indígenas en el mundo indígena americano no es nuevo, ya que en Ecuador, Perú y Bolivia , el tradicional maltrato por parte de los grupos occidentales dominantes y ganadores, hasta ahora, en la contienda social, política, religiosa y cultural que nació con el llamado “descubrimiento de América” y la “Conquista” y posterior colonización del Continente, es parte de una larga historia. La razón por la cual deseo comentar esta noticia es porque seguimos sin entender el significado de la tolerancia, la fraternidad y la visión divergente que, naturalmente, tienen vencedores y vencidos.
Para entender el problema de los países andinos debemos acceder a la visión de la cosmogonía indígena y su concepción del mundo, de la economía y de las relaciones con la tierra. Para penetrar en la esencia del problema debemos comprender que, en esta parte del mundo, los países no coinciden en nada con las naciones. Nuestros países nacieron de la revolución impulsada, básicamente por los blancos criollos, en contra del imperio español. No se trató de un movimiento popular en el cual las etnias indígenas tuvieran alguna relevancia. Para el mundo andino, la revolución americana, la gesta bolivariana y sanmartiniana, respondía a un asunto ajeno a su problema. Era un enfrentamiento entre los blancos invasores. Es importante que se comprenda que mi intención no es justificar nada, sino mostrar a los que siguen estas reflexiones una realidad que, las más de las veces, no es para nada comprendida. Sobre todo en Venezuela, el problema indígena era visto y tratado como un asunto marginal. Sólo se interesaban en el problema algunos indigenistas o, la prensa, cuando se presentaba algún conflicto. Lo cierto es que, en los países andinos, exceptuando Colombia y Venezuela, la gran mayoría de los habitantes pertenecen a etnias indígenas bien definidas y muy numerosas. La nación Quechua, por ejemplo, podemos situarla en los territorios del sur de Colombia, Ecuador y Perú. La nación Aimará, comprende los territorios de Bolivia, norte de Argentina, norte de Chile y Paraguay. Además hay otros enclaves indígenas numerosos e importantes en Chile y Argentina: los mapuches y los araucanos. Es decir, la gran mayoría de los habitantes en estos territorios, podrían considerarse como “desplazados” ya que viven en países gobernados y delimitados por fronteras antojadizas que no son sus linderos nacionales. Hay que aclarar también que, las grandes mayorías en estos territorios hablan quechua y aimará y pocos hablan bien el castellano.
La historia de la resistencia indígena, desde la conquista hasta nuestros días, es abundante en alzamientos y toda clase de intentos para lograr la reconquista de sus tierras y sus derechos civiles y sociales que son, como veremos más adelante, absolutamente divergentes con la cultura occidental.
Uno de los primeros escollos que encuentra el occidental al enfrentarse al mundo indígena, es su concepto del tiempo. Cuando me desempeñé como agregado cultural de Venezuela en Ecuador, decidí tomar clases de quechua ya que el mundo indígena se me presentaba como el tema cultural más importante y trascendente en aquellas latitudes. Cual sería mi sorpresa al descubrir que, en el idioma quechua, no existe palabra alguna para describir el futuro o el pasado. Es decir, para el mundo indígena no existe el concepto del tiempo tal como nosotros, los occidentales, lo entendemos. Su tiempo “no es lineal” pasado, presente y futuro, como lo es para nosotros. El tiempo es circular y, por ejemplo, lo que ocurrió en el pasado, está adelante, ya que lo podemos ver. No es un asunto de semántica. Para el indígena existen hechos, pero no pasado. Estos hechos que para nosotros son pasado, para el indio, se convierte en un ritual por medio del cual el hecho se repite para siempre, de acuerdo a una observación astronómica. Por ejemplo, Atahualpa no fue asesinado hace cuatro siglos. Cada cierto tiempo, ritualmente el hecho ocurre. El tema del tiempo tiene, además, una característica importante que, los occidentales, debemos preguntarnos al enfrentar al mundo indígena. Si no existe un concepto del tiempo, o del paso del tiempo. ¿ Existirá entonces para el indio una sensación del paso del tiempo? Me refiero a una sensación como la que nosotros sentimos. Será que, el indio está liberado de esa sensación. Vive el presente permanentemente. Si esto es así, hay mucho que los occidentales podemos aprender de ese mundo para vivir sin “stress” y en armonía.
El otro tema que debemos entender es el de la “propiedad de la tierra” y, por ende, el de la “propiedad privada” tal como nosotros la entendemos. Como ya lo dije en otra oportunidad, Wilka, un Yakcha (sabio) ecuatoriano, me explicó la visión del mundo andino sobre este tema, también divergente con la visión “occidental”. Toda la economía mundial es dirigida por un criterio que, según el mundo andino, nació en el desierto, donde no hay nada. Las pocas tierras cultivables, apenas alcanzan para alimentar a unos pocos. Los dioses inventados por las sociedades del desierto y toda su filosofía, se basa en la escasez. Porque, efectivamente, los bienes eran escasos. Esta psicología de la escasez ha influenciado toda la existencia del planeta. El dios del desierto era, por naturaleza, el dios de los ejércitos ya que había que defender la tierra que sólo alcanzaba para alimentar a su pueblo, el pueblo elegido. Los que pretendían vivir de aquella tierra, sin ser elegidos, eran enemigos. Se trataba de un asunto de vida o muerte. Es importante destacar que, dentro del paradigma de la economía de mercado, sólo tienen valor los bienes escasos. Esta psicología de la escasez, a lo largo de miles de años, ha desarrollado, no sólo una economía de la escasez, sino una filosofía de la escasez que desarrolló una ciencia de la comunicación basada en la producción y comercialización de bienes y servicios, supuestamente escasos o supuestamente necesarios. Es así como hoy, sería difícil imaginar la vida sin celular, o sin “laptop”. Aunque la humanidad vivió miles de años sin esas herramientas. Más asombrosas son esas necesidades creadas por el mercadeo sumergido de la moda como la colocación de tetas postizas o la eliminación de las arrugas y otras “ingentes necesidades” del mundo ciudadano. Esta economía de la escasez, con su psiquismo de escasez y su permanente necesidad de generar “dinero” también identificado con riqueza, es un verdadero dios planetario. Un dios cuyo único valor es la escasez. El otro polo originario de la “cultura occidental” nace en el frío norte. Allí también reina la escasez. Los largos inviernos obligan a sus habitantes a guardar y defender sus alimentos de los hambrientos. El frío requiere del orden para la supervivencia. Sus dioses son tan temibles como los dioses del desierto.
Esta cultura occidental, con todas sus promesas y supuestas riquezas tiene la vida planetaria en jaque. Algunos ingenuos defensores del dios dinero dirán que no es tan grave el calentamiento global, o que no importa un carajo que se talen los bosques. Que sólo importa el dinero y que esa riqueza solucionará todo. Por último, dirán que podemos mudarnos a otro planeta. Qué importa un mundo sin lagartijas y sin ardillas y sin ballenas.
Por el contrario, el mundo americano, se basa en la tradición de la abundancia. Es probable que, en diez minutos, el Amazonas lleve al mar el agua que corre durante un año por el río Jordán. La abundancia americana era y es descomunal. Se trata de un territorio enorme, fértil, con abundante fauna y alimentos para todos. Aquí “ hay suficiente para todo, menos para la avaricia” Los dioses americanos son muy diferentes. Aquí los dioses no tenían que defender la propiedad de la tierra. A nadie se le ocurrió jamás, hasta la llegada de los “occidentales” que la tierra podía ser de “alguien”. La tierra era abundante. El alimento alcanzaba para todos y había que estirar el brazo para tomarlo. El mismo Colón, al llegar a Paria consideró que había descubierto el paraíso terrenal. En América, no se necesita un intermediario para hablar con dios. Los dioses están en todas partes y en todos. La economía indígena no necesitó jamás desarrollarse en el sentido de lo que es el desarrollo para el resto de la comunidad internacional y, efectivamente, se quedó aislada y, aparentemente, pobre, después de la destrucción sistemática de su cultura y tradiciones. Pero no está destruyendo al planeta. No pretende que nos mudemos a otro mundo, ni que hagamos desaparecer las especies animales que todavía no han fenecido. El mundo indígena americano está redescubriendo su origen y destino.
Lo que ocurre en la selva peruana tiene que ver con estas dos concepciones radicalmente diferentes del mundo. Perú es un país occidental, construido sobre un territorio habitado mayoritariamente por los perdedores en la guerra de conquista. Los indígenas de la amazonía peruana, no quieren que los taladros petroleros horaden su tierra, pues la “riqueza” que se les ofrece, para su concepción del mundo, no es tal riqueza. Me parece importante reflexionar sobre este paradigma americano. Hacer el ejercicio de tratar de ver el mundo sin tiempo, sin pretender ser dueños de la tierra, sin escasez y sin angustia porque viviremos menos o más años. La ciencia y la tecnología que destruye al planeta también prolonga la vida. La certeza de ser nos libera del miedo a la muerte y nos acerca a la eternidad. El ejercicio de mirar la vida desde este paradigma, no deja de ser un ejercicio interesante.Arkaúm.

2 comentarios sobre “EL MUNDO INDÍGENA ANTE LOS PAÍSES DE AMERICA”

  1. Nico, no sabia que escribias
    Me parese muy bueno ese articulo. Yo vivo en El Pauji desde hace 30 años. Se perfectamente de que hablas. Tambien vivi en El Cusco varios años aprendi… a tejer y a sembrar la tierra con los Quechuas. Leere el resto…Saludos
    Manuel Matheus

  2. CORDOBA 2012: SEDE DEL ESOTERISMO MUNDIAL
    Los Gurúes y Capo-Esotéricos de la WWPA: Asociación Parapsicológica Mundial, representados en The Supreme Council, se reunieron secretamente el día del equinoccio del pasado otoño (20 de Marzo de 2009) en una localidad de Australia. En ese “esoteric meeting”, los máximos jeques del ocultismo planetario resolvieron convocar a un Congreso multidisciplinario en Córdoba, Argentina, en un lugar “hermético” de la docta.

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