LA SOMBRA

por Nicomedes Zuloaga P (Arkaúm)

Suplantar a otro para engañar es un ardid tan antiguo como la humanidad y más común de lo que solemos pensar. El arte de imitar a otro, o parecerse, al punto de pasar por el otro, puede ser un asunto serio, o simplemente humorístico. En cuyo caso, tradicionalmente, los líderes civiles, menos dados al “tontogravismo” de algunos jefes militares, lo aceptan con una sonrisa, a veces, forzada.
La primera mujer de Adán, que la tradición talmúdica identifica con Lillith, se disfrazó de culebra para ofrecer la manzana. Jacob engañó a su padre suplantando a su hermano Esaú disfrazado con una piel de cabra. Pero existe también aquella huída imposible de uno mismo, o de la carga detras de uno mismo. Un pasado que se quiere olvidar, un pesado fardo de nombres repetidos o un gentilicio inadecuado para ciertas actividades artísticas. Neruda, por ejemplo, en lugar de Neptalí Ricardo Reyes.

Recuerdo una película de Antonioni de los setentas: El Pasajero. Se trata de la história de un corresponsal de guerra que, aburrido de su esposa que le traicionaba y a quien el traicionaba y cansado de su oficio periodístico, tomó el lugar de un difunto que resultó ser un bribón y un peligroso delincuente. Podemos imaginar las consecuencias de esta usurpadción de una personalidad ajena. La literatura también tiene sus ejemplos. En La Historia Universal de la Infamia, Borges narra la fábula de El Impostor Inverosimil Tom Castro, un inglés de nombre Arthur Orton a quien describe como persona de una “sosegada idiotez” que desertó de un barco en el puerto de Valparaíso y adoptó el nombre de una familia Castro. Después, en Australia, Tom Castro, inspirado por el astuto Bogle, se hizo pasar por un heredero británico que había deaparecido en un naufragio. Por un tiempo, logró convencer a la desesperada madre del noble heredero británico, hasta que fue descubierto.

En 1972, Bernardo Bertoluchi realizó, con Marlon Brando y María Shneider una de las películas que marcarían un quiebre en el cine del siglo veinte. El Último Tango en París se desarrolla en un apartamento desocupado en el cual, los protagonistas, tienen encuentros sexuales sin jamás dar a conocer su identidad. El, un cuarentón y ella, una chica de veinte años.

Pero el tema que nos interesa está más relacionado con la cabalgata póstuma del Cid Campeador quien, después de muerto, a lomos de Babieca, atacó a las tropas árabes de Yusuf a las puertas de Valencia. O con Drácula que embalsamó y empaló en las almenas de su castillo, a sus soldados muertos, para que los enemigos creyeran que todavía le quedaba un ejército. Otra película, cinta de 1980, la más interesante, fue realizada por Akira Kurosawa. Kagemusha que, en japonés, significa “la sombra”. El poderoso líder, moribundo, ordena a sus soldados que consigan una “sombra” es decir, un doble para que lo sustituya. No para que cabalgue como el Cid, embalsamado por los campos de Castilla, sino en vida. Descubren un pobre e ignorante delincuente, idéntico al líder Takeda. El ladronzuelo se ve obligado a vivir como un rey, hablar como un rey y enfrentarse en batalla como un verdadero samurai. Claro que, en el caso que nos concierne, el doble no tendra que ser “rápido como el viento, sereno como el bosque, fiero como el fuego, inmóvil como la montaña” como lo exigía el héroe del clan Takeda, necesitará si de otras ¿cualidades? o carácteristicas, digamos, diferentes. Lo interesante de esta obra, aparte de su magistral realización, es el profundo estudio psicológico de lo que requiere la lucha por el poder y la habilidad que desarrollan algunos gobernantes para el engaño.

No es imposible que, en los próximos días veamos cabalgar “la sombra”. Es posible que ya se presente en público y que pase desapercibido. No es secreto que, hoy día, como medida de seguridad, prácticamente todos los personajes importantes tienen un doble. Un señuelo para sus enemigos y detractores. La mala leche y la infamia como sistema, no paga jamás pues hay leyes del universo que trascienden, científicamente hablando, mil millones de veces, las teorías obsoletas del materialismo en cualquiera de sus formas. Sin embargo, el ardid de “la sombra” no se descarta. Pero si la sombra es capaz de hablar tres horas seguidas, utilizando el mismo verso violento y  amenazante. Si “la sombra” es capaz de repetir cada inflexión, cada gesto, hasta convencer a los más cercanos. Si “la sombra” existe y ha crecido hasta ser el retrato del cuerpo opaco que le dio vida “Kagemusha” se ha convertido en el enemigo más temible para los que han medrado en torno al cuerpoque, poco a poco, muere. La ciencia de lo insólito, como la reencarnación consciente, en manos del materialismo, es una contradicción inconcebible, pero posible en el ámbito del realismo mágico. En la película de Kurosawa, la sombra, asume el papel con tal perfección que logra engañar a todos. Hasta sus concubinas creen que están con el verdadero. El pueblo cree que el pequeño rufian es su líder.

El “realismo mágico” en nuestras latitudes, es simplemente realismo. Juan Vicente Gómez gobernó a Venezuela con mano férrea durante treinta años. Se las arregló para nacer y morir en las mismas fechas que Simón Bolívar. La fecha de su nacimiento pudo haber inspirado su afición demencial por el poder, pero la fecha de su muerte el 17 de diciembre, bueno, nadie la ha desmentido. Tal era el poder del “Brujo de la Mulera” que se las arregló para escribir esta página insólita del realismo mágico.