Reseñas

LA VENUS DESVELADA

Por Perán Ermini

La Venus Desvelada es el título y el Tema de las esculturas que Nicomedes Zuloaga expone. Hubiera sido extraño mostrarlas con veladuras, porque Venus vivió doblemente desvelada por las pasiones que desataba en sus infinitos amantes.

Supongo que a Nicomodes le pasa lo mismo que a pigmalion rey fenicio de Chipre, quien se enamoró y se casó con una escultura que representaba a la Venus Afrodita y la llevaba todas las noches a su cama.

Fueron innumerables las locuras que provocara la Venus. Por eso no vacilo en escribirle estas líneas a las de Nicomedes, aunque no las haya visto porque conozco bien su obra y comparto con él su devoción erótica por Venus. Así como su predilección por los mitos y los símbolos en el arte, como una vía abierta hacia los sustratos oscuros del imaginario colectivo.

Aunque la fascinación amorosa de Psyque superara la atracción sexual de Afrodita y se confundiera con ella, provocando la envidia, los celos y el odio de ésta, el reino del amor sigue bajo el dominio Tiránico de Venus Afrodita.

Han pasado milenios desde los rituales afrodisíacos de Chipre, donde, según “La Rama Dorada”…”Todas las mujeres, antes de casarse, Tenían que prostituirse a los extranjeros en el santuario de la diosa del amor”… no por lascivio sino como obligación sagrada. Y a pesar de esa lejanía milenaria, el poder de fascinación sexual de Venus sigue siendo irresistible, y no deja de celebrarse en ritos no silenciosos sino licenciosos. El efecto a gran distancia se ejerce mediante el antiguo principio mágico de la empatìa, que es siempre actual, sobre todo en las artes. En él radica el secreto de estas esculturas de Nicomedes Zuloaga.

Tenga cuidado Usted, lector, con estas esculturas de Venus Veladas, para que no le pase como a Plinio, el noble romano, que terminó haciéndole el amor insaciablemente a un árbol que personificaba a Diana en Territorio Latino.


EL TAROT

Por Perán Ermini

El Tarot, cuyo juego de combinaciones aleatorias permiten que en la sucesión de sus figuras emblemáticas y misteriosas nos vayan revelando los secretos de nuestro destino, es el gran tema de las obras escultóricas más recientes de Nicomedes Zuloaga, que ahora se muestra por primera vez en las salas de la Galería Altamira en Caracas.

No es que estas obras giren alrededor de este tema, ni que el Tarot sea contexto temático o simbólico del cual se revive su discurso expresivo, ni es tampoco que el Tarot haya sido tomado como un pretexto para un desarrollo formal de volúmenes y espacios muy específicamente esculturales. En este caso el Tarot no es ni un contexto ni un pretexto. Es el texto mismo de las obras expuestas, cada una de las cuales ilustra, interpreta y expresa alguno de los ventidós arcanos mayores que establece la tradición. Y es la relación interpretativa y figurativa donde se encuentra el contenido esencial de estas esculturas.

En este sentido, el hecho de que el artista se expresa volumétricamente, o escultóricamente, mediante un discurso simbólico, en lugar de hacerlo de un manera formalista, es ya un hecho significativo en sí mismo, en una época en la que aún arrastramos de la ideología moderna el imperativo de la desmitificación científica de la realidad, y más aún de las artes, cada vez más inclinadas hacia las categorizaciones racionales y conceptualistas, alejadas del mundo de las emociones, de la sensibilidad, del deseo, de los afectos, de las pasiones, de los valores, de los sueños, de los símbolos y de todo lo que da sustancia y sentido al vivir. Por ello, la reivindicación de lo mítico, que le estamos elogiando al artista, implica una ampliación de la vivencia humana, que tiende a hacerla integral. Porque el mithos no niega ni antagoniza al logos.

Con esta actitud hermenéutica, intrigado y fascinado por los sortilegios y los poderes escrutadores y develadores del Tarot, Nicomedes Zuloaga se aventura a explorar el lado oculto de sus símbolos, acso para conocer los mecanismos del destino de su propio destino, que es tambien el de la humanidad. Si es éste, como intuimos, el propósito extremo del artista, aunque no el único, su empresa implicaría tanto para él como para sus interlocutores (el público en el momento de una lectura visual de las obras) una pérdida de la inocencia y un extravío.

Nicomedes Zuloaga intenta desandar los pasos de las metáforas antiguas del Tarot (La metáfora traslada el significado de una cosa a otra) para enfrentar las realidades cuya presencia ellas rechazaban, tal vez porque nos espantaban y provocaban nuestra huida. La fuerza psíquica que nos obliga a la omisión o al ocultamiento de esas presencias es la que nos induce a “re-presentar” las cosas sustituyéndolas por las otras que las enmascaran.

La operación mental es la misma de las máscaras de la tragedia griega, que se llamaban “personas” y representaban los personajes. Con ellas el actor se ocultaba para convertirse en otro. Al terminar su trabajo dejaba de ser el otro y se quedaba con su propia persona, son su propia máscara natural debajo de la cual no había nada. En ese mismo orden de ideas, o de símbolos, la metáfora oculta a lo innombrable, que es el vacío de un mismo y de las cosas, es la nada.

La toma de conciencia de esa nada ocultada por la metáfora es la pérdida de la inocencia. Y el vacío que nos queda es lo que nos desvía del camino trazado y trillado, que se nos había prescrito como orientación para vivir. Es el extravío.

Así, extraviados y sin inocencia, accedemos a un grado superior de conciencia que nos permite avanzar en pos de la vivencia que nos promete el Tarot. Es la función óptima que, para el expresador desprejuiciado y atento podría cumplir la exposición de Nicomedes Zuloaga. Pero sus vías laberínticas. Uno cree buscar los arquetipos universales, o las estructuras de la mente, o las realidades actuales que oculta lo sobrenatural, o los poderes encubiertos por los mitos, o cualquier otra cosa. Todo esto está en la lógica de la exposición, y todo esto puede alejarnos de ella y de uno mismo, a pesar de que la presencia material y espiritual de las obras es muy poderosa e imponente.

A fin de cuentas, antes estas esculturas fascinantes y extrañas de Nicomedes tal vez lo mejor sea dejarse seducir por ellas, por la presencia reiterada de la mujer, de la mujer total, primigenia y eterna, generadora de la vida y la muerte. Es vano el tratar de descifrar sus significados más profundos, de arrancarle sus secretos. Porque son cambiantes e inasibles.


MISTERIO DE UN OBJETO DE ARTE

Bélgica Rodriguez, Septiembre 2000

La belleza de un objeto de arte uyilitario conmueve por su misma naturaleza, por lo que él connota al compartir una cotidianidad, un diario vivir. Porque posee un significado, es un objeto que al ser tocado y usado pasa a formar parte de los sentimientos y efectos de aquellos que lo poseen. Como parte de la manifesetación sensible que es el arte como creación, son vehículos comunicativos y portadores de deleite estético. Así están concebidos los objetos de arte de Nicomedes Zuloaga, precisamente para provocar un acontecimiento de su relación con el espectador.

El artista pone la escultura y la pintura en el devenir de lo útil con una noción de refinamiento al servicio de la actividad humana.

La serie que presenta hoy Nicomedes Zuloaga, muestra la libertad creativa, sensible y autodidacta, que ha caracterizado su producción artística, una base-escultura de figura i figuras femeninas, formas voluptuosas y sensuales, sostiene una pantalla-pintura que al iluminarse descubre paisajes alucinantes por la belleza del color y conceptualización de las formas. Figuras orgánicas, reconocibles, paisajes abstractos, imaginarios, mágicas reminiscencias del interés por la metafísica que una vez ocupará su tiempo. Pantalla y base son dos fuerzas opuestas que, como el yang-ying, lo masculino y lo femenino, se complementan en su equilibrio para establecer la armonía y la belleza del objeto de arte.

Ellos no son simples objetos utilitarios. Su efectividad plástica se traduce en la relación contundente de dos medios artísticos opuestos, escultura y pintura. Una relación de suspenso y contraste basada en la competencia que establecen los materiales entre sí. La base figurativa en austero bronce patinado, se compone de cuerpo femeninos que, como animales en celo se estiran, aparece y se esconde guardando preciosos secretos de realidades imaginarias, la pantalla en vidrio aloja un paisaje abstracto pintado con una riqueza de color, caleidoscópica. Lo importante en estos aobjetos, que además de lámparas incluye otros, reside en el acto de provocar un acercamiento a su belleza estética más que a su carácter funcional. Una suerte de alianza entre imágenes y espíritu oculto en el misterio propicia la esencia de cada uno de ellos.

En su permanente interrogatorio al arte, Nicomedes Zuloaga busca acercarse al arte, Nicomedes Zuloaga busca acercarse al espectador portando sus manos objeto de arte, único y bello.

 


NICOMEDES ZULOAGA

Nestor Maya

Entre verados plásticos y muchos riesgos adentrado en una investigación literaria y esotérica… “libre de sospechas; se establece que Zuloaga se introduzca en su propio universo dentro de la escultura.

En ese género, precisamente, está su fusión mediadora, de niño y hombre versado.

El que no conozca al personaje, pensará que por su trayectoria roza o taya en lo naif o en lo ingenuo para ser más parcial. Sin embargo, “Nicomedes” expresa la sapiencia y generidad de un vivir constante. La apertura al entorno femenino, la reminiscencia a un cuerpo lleno de “apetencias” – mujeres entregadas a nadie. Quizás al cosmos!!

Lo bucólico y gestual de una época, literatura hecha forma con deseo.

Combinaciones de elementos y pátibas de lo metálico, unidos a resurgimientos del color, línea que bordea al kitch con elegancia simbólica; lo que se esperará para nuevas apariciones. Grito, apertura de un universo que para otros estaba muerto o fosilizado.

Él, siendo mi amigo y debido a muchas causas compartidas en el vivir juega con distintas escalas, doblega monstruos y rios sagrados, candela y brillo sin el don de la oportunidad; ejecuta una vibración poética en la extensión figurativa de una exteriorizada causa, con desacato o pesadilla. Hablo de vueltas que permiten lo mejor de los siempres.

El nuevo amanecer, alguien lo narrará.